"El cuerpo es el infierno." ¿Esa era la visión de los gnósticos?
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Sí, pero con un matiz crucial y a menudo malinterpretado. Para los gnósticos, la afirmación "El cuerpo es el infierno" es una afirmación teológica y cosmológica profunda, no un mero rechazo ascético de la carne.
El marco gnóstico: por qué el cuerpo es el infierno
1. El infierno no es un lugar de castigo, sino un estado de existencia. Para los gnósticos, todo el cosmos material es el infierno. No es una mazmorra a la que te envían por pecar; es la mazmorra en la que naces. El cuerpo es tu celda específica dentro de esa prisión.
2. El arquitecto de la prisión es el Demiurgo (Yaldabaoth). Esta es la clave. El universo físico, incluido el cuerpo humano, no fue creado por el Dios verdadero, trascendente e incognoscible (el Monada). Fue creado por una deidad inferior, ciega y arrogante —el Demiurgo— que modeló el mundo desde la ignorancia y el deseo de atrapar la luz divina (el *pneuma* o espíritu) dentro de la materia.
3. El cuerpo como obra maestra del aprisionamiento: El cuerpo humano no es solo débil o pecaminoso; es un instrumento diseñado para el olvido.
Los sentidos son filtros que solo perciben la creación del Demiurgo, cegándote ante el reino divino (*Pleroma*).
Las pasiones y deseos (hambre, lujuria, miedo, dolor) no son solo tentaciones; son cadenas biológicas y psíquicas diseñadas para mantener tu atención clavada en la prisión, para hacerte identificarte como un prisionero.
La reproducción es la trampa definitiva: garantiza que la chispa divina se recicle eternamente en nuevos cuerpos-cárcel, generación tras generación, perpetuando el sistema del Demiurgo.
4. El "infierno" es la ignorancia, el olvido y la esclavitud a los Arcontes. El tormento de este infierno no es el dolor físico, sino la amnesia espiritual. Es la agonía de ser un ser divino, libre y eterno, a quien engañan para que crea que es un animal biológico mortal y limitado, sujeto al destino, la decadencia y un dios falso. Los "gobernantes" o Arcontes (los esbirros del Demiurgo) son los carceleros que hacen cumplir este olvido mediante las leyes de la naturaleza, las religiones sociales y las compulsiones del propio cuerpo.
El matiz crucial: el cuerpo frente a la chispa divina interior
El gnóstico no dice: "Tú eres el cuerpo y estás en el infierno".
Dice: "Tú eres una chispa divina del Dios verdadero, atrapada *dentro* de un cuerpo que es en sí mismo parte de la arquitectura del infierno".
Tú no eres el prisionero. Eres la realeza inocente secuestrada y arrojada a un calabozo.
El cuerpo no eres tú. Es el disfraz que los carceleros te han impuesto, el uniforme de prisión del que te han engañado para que creas que es tu propia piel.
El camino de salida: *Gnosis*, no ascetismo
Dado que el cuerpo es parte del sistema carcelario, simplemente castigarlo (ascetismo extremo) es inútil —solo estás golpeando los muros de tu celda. Por el contrario, indulgar sus deseos (hedonismo) es jugar al juego del carcelero.
La única escapatoria es la *Gnosis*: el conocimiento directo y revelador de tu verdadera identidad y origen.
Este conocimiento es un arma que hace añicos la ilusión.
Es un recuerdo que rompe la amnesia.
Es un despertar que permite a la chispa divina reconocerse a sí misma a pesar del cuerpo, y comenzar su viaje de regreso al *Pleroma*, evadiendo a los Arcontes después de la muerte.